miércoles, 11 de abril de 2018

Musulmana por un día




                                                                  Muslim liawm wahid

                                                                                                                                   Musulmana por un día





Siempre he tenido una idea muy clara en mi cabeza y en mi corazón y es que Dios existe.

Pero no todos lo amamos y alabamos de la misma forma. Algunos incluso se niegan a aceptar algo que no pueden ver y es completamente válido.

Lo que no considero permisible es que todo lo que es Dios, Alá, Akal Purakh, Xwedê, o cómo se le quiera llamar, sea confundido con guerra. Dios es amor, es un ser que se presenta en tantas formas y colores que juzgar cualquiera de estas es simple ignorancia.

Más tarde el Islam me ayudaría a confirmar mi teoría.


La fe en una mezquita 




Debo confesar que tenía un poco de miedo, realmente no quería faltar el respeto a esta cultura y mucho menos hacer algo inadecuado. Algunas preguntas me abrumaron durante el camino a la mezquita; ¿Y si son muy estrictos? ¿Y si mi vestimenta no es adecuada, me tendré que ir? Decidí respirar hondo y me dije “Dios, bueno, esperemos antes de hacernos ideas raras en la cabeza, a lo mejor te sorprendes”. Y qué grata sorpresa.

Llegué a la mezquita, me pareció un lugar gigante y muy bonito, pues considero hermoso cualquier lugar donde Dios tenga un puesto especial y donde la gente está tan dispuesta a abrir su corazón a la fe.




Estaba en la puerta y no sabía qué hacer, hasta que vi a mi compañero Gabriel, quien me dijo que Yaleni estaba en el segundo piso, el lugar de las mujeres, porque en esta cultura sí es cierto que se subleva un poco el poder femenino, algo que no comparto pero que debo respetar.

Y cuando estaba a punto de subir me encontré a un hombre muy agradable, era en extremo social. Su sonrisa te proyectaba un calor especial, es de esas personas que aun sin conocerlas bien inspiran confianza por la energía tan positiva que los rodea ¿será producto del Islam? No lo sé, pero quiero creer que tanta dicha proviene del encontrar tu manera de amar la vida.

Ismael no sabía español así que me preguntó si entendía inglés, cuando respondí afirmativamente su sonrisa se agigantó y las palabras empezaron a fluir como cataratas. Sus padres nacieron en el noroeste de África pero él en Francia, donde se graduó de Negocios, carrera que ejerce en Nueva York. Allí vive con su esposa colombiana.

Apenas mencionó a su esposa me pregunté si sería musulmana, supuse que no porque la población que sigue esta religión es apenas el 0,3% del total de colombianos. Tenía razón, en parte. Pues se crio católica pero decidió, libremente, convertirse.

¿Recuerdan que dije que la Mezquita me pareció gigante? Pues Resulta que no. Ismael de hecho me dijo que era bastante pequeña en comparación con las varias que había visitado alrededor del mundo. No me puedo imaginar esa proporción.


Aunque la conversación estaba muy amena aún tenía mucho que experimentar, así que fui al segundo piso. Me quité los zapatos antes de entrar al salón me puse un manto sobre la cabeza.

Debo admitir que esperaba muchas más personas. Cuando ingresé solo habían cinco mujeres, de ellas, tres eran estudiantes de la Universidad Central. Pero una de ellas Silvia, quien si es musulmana, es un ser en extremo especial.

Me senté a escucharla hablar, era realmente mágico, casi como ver una película. La pasión con la que contaba la historia del islam te hace vivirla por unos instantes. Nos contó la historia del hijo de Abraham. Ya la conocía, desde el catolicismo, pero resulta que en esta religión cambian un poco las cosas. Muchos tenemos entendido que Sara, la esposa de Abraham, no podía tener hijos, lo que la llevó a permitir que su esposo tuviera un heredero con la sirvienta. Silvia nos explicó que no era una sirvienta sino una princesa, que fue un error en la escritura de la historia. Vea pues.


Podría contarles las miles de historias de las que nos habló pero me extendería mucho, solo diré que esta mujer afirmó que para ella los miembros de Alkaeda no son en realidad musulmanes pues sus prácticas van en contra de todo lo que proclama el Corán. No saben cuánto me alegró escuchar estas palabras, pues siempre me pregunté si realmente algún texto sagrado podría contener semejante barbarie. Es cierto que debo leerla para estar cien por ciento segura pero al menos surgió la esperanza.


La ceremonia


Cuando terminó la charla con Silvia, Yaleni y yo nos asomamos para ver que hacían los hombres en el primer piso:



Había todo tipo de personas, desde el que solemos ver en televisión con túnica blanca y taguia (Gorro blanco característico de esta cultura) hasta jóvenes en camiseta de adidas.

Estábamos tomándo unas fotos cuando Silvia nos pidió alejarnos del borde. Así es, las mujeres no pueden ver a la persona que realiza la oración. a este hombre se le llama Chei, en la fotografía se le puede apreciar como el hombre vestido  con túnica negra y taguia roja
.
Inició la Yumu'ah, así se llama una oración que se realiza cada viernes después del mediodía. Estaba muy emocionada porque considero que la oración es una manera de conexión divina. Así que quería ver cómo la experimenta el islam.

Postura en posición, ojos cerrados, todo listo para orar, cuando boom:


ٱلْحَمْدُ لِلَّهِ رَبِّ ٱلْعَـٰلَمِين


ٱلرَّحْمَـٰنِ ٱلرَّحِيم


مَـٰلِكِ يَوْمِ ٱلدِّين


إِيَّاكَ نَعْبُدُ وَإِيَّاكَ نَسْتَعِينُ


ٱهْدِنَا ٱلصِّرَ ٰط ٱلْمُسْتَقِيمَ


صِرَ ٰطَ ٱلَّذِينَ أَنْعَمْتَ عَلَيْهِمْ غَيْرِ ٱلْمَغْضُوبِ عَلَيْهِمْ وَلاَ ٱلضَّاۤلِّينَ
















Lo sé, lo sé. Las probabilidades de que hablaran en árabe y que oraran en este idioma eran altísimas, pero en ese momento estaba tan conectada con la situación que se me olvidó por completo la lógica.

Aunque, claramente, no entendía nada de nada, las canciones, también llamadas aḏān, me parecían muy interesantes,  pero qué intriga tan horrible no tener ni una pista de su significado.

Afortunadamente cuando terminó esta oración llegó la hora del español, porque no, no todos los musulmanes hablan árabe. 

El traductor,  que es egipcio y domina increíblemente el español,  hablaba de la justicia y del respeto. “La injusticia es algo rechazado por la mera naturaleza del ser humano” fueron sus palabras.
Además, la tolerancia con absolutamente todos los humanos. Explicaba la importancia de mejorarse a sí mismos pues Alá escogía a los mejores hombres como los mensajeros de su voluntad. De entregarse a Alá y de hacer sacrificios por él. El ayuno, por ejemplo. Por supuesto se hablaba de cuestiones de comportamiento característicos de esta religión,pero en términos generales nunca se dijo, Alá es el único dios válido, ni se habló de juzgar al otro.





Cada segundo en este lugar me ayudaba a ratificar mi apoyo a la siguiente frase :






Cuando ya se estaba acabando la oración llegó un momento de plegaria. Algo como lo que hacemos los católicos en misa cuando nos levantamos a orar el padre nuestro o a comulgar:





Este momento fue realmente especial, las mujeres estaban muy conectadas con lo que hacían. Sin embargo, vale aclarar que ellas no respondían a las plegarías. Para hacerme entender mejor haré una comparación. En la misa cristiana el padre dice “levantemos el corazón” y las personas presentes responden “ lo tenemos levantado hacia el señor”. En esta religión solo respondían los hombres.



La Dawah y el hasta luego



Se acabó la oración, y las mujeres empezaron a charlar, sus hijos deben memorizar el Corán desde pequeños, así como nosotros el padre nuestro. Realmente son formas diferentes de alabar, pero igualmente válidas

Me sorprendió cuando Silvia habló de la Dawah. Esta es una práctica de algunos musulmanes, con la cual buscan atraer a las personas al Islam. Nuestra “portera” nos explicó como no está de acuerdo con esta actividad, afirmaba que cada persona tiene el derecho a creer lo que quiera y como lo quiera. Que nadie debe interferir en el corazón de otras personas.

Mis horas en este lugar se acabaron y puedo decir que me gustó mucho la experiencia, en especial como estas personas son tan abiertas a recibir a cualquier persona en su iglesia. No les interesa convencer a nadie de creer en el islam sino que quieren que la gente conozcan lo que realmente significa, algo realmente necesario en la coyuntura bélica actual.

¿A qué punto ha llegado nuestra ignorancia para creer que todo musulmán es terrorista? ¿Es justo que una mujer defraude sus creencias y tenga miedo de salir a la calle con la cabeza cubierta por miedo a ser juzgada o incluso lastimada?
No, claro que no. Dejemos de juzgar lo que no conocemos, investiguemos para poder hablar con argumentos, respetemos la diversidad y sobretodo amemos, a nuestras creencias y a nuestros hermanos.




Referencias:

Primera imagen tomada de ELTIEMPO.com






 Natalia Prada Barrera



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